Los que se sienten solos
Flores de Bach

Los que se sienten solos

El Dr. Edward Bach nos habla de 3 personalidades relacionadas con la soledad.

Están aquellos que buscan compañía ansiosamente, otros que van solos por el mundo porque tienen un ritmo muy rápido y otros que se aíslan. Todos tienen su vida resuelta en algún aspecto, ya que por lo general tiene un cierto grado de recursos para actuar en el mundo y saben hacia donde se dirigen o qué quieren conseguir. Su dificultad está en poder relacionarse y obtener la compañía adecuada a sus intereses. Sus características van desde el querer fundirse con el otro al aislamiento.

Algunas personas utilizan el habla hasta agotar al otro, son verborrágicos, no hacen pausa, ni permiten que el otro exprese su opinión.

Buscan llamar la atención de múltiples maneras, una de ellas tocando al otro mientras hablan. Con tal de atraer la atención del otro: se quejan, reprochan, condenan, buscan pelea, inventan coartadas o se justifican, en síntesis…no paran de hablar. Necesitan permanentemente que se ocupen de ellos, ser el centro, de manera tal que no dan espacio a los demás ya que en su necesidad de atención, ni siquiera los perciben.

La mayor dificultad está en la escucha. Esta forma de hablar, de intentar comunicarse, termina produciendo el efecto contrario, ya que los demás se apartan con tal de no tener que soportarlo. Es así que estas personalidades consiguen lo que más teme: que los dejen solos.

A otra forma de soledad pertenecen aquellos cuya impaciencia es muy alta, son muy acelerados, con un ritmo vertiginoso, permanentemente en actividad, haciendo muchas cosas a la vez, dejando cosas sin terminar, siempre apurados. Se vuelven poco tolerantes con quienes no siguen su ritmo, apuran a los demás, se irritan fácilmente y muestran reacciones desmedidas. Hacen todo solos porque no pueden esperar. Parecen tener hormigas en el cuerpo, no pueden relajarse, no pueden detenerse y encima se quejan por la lentitud o inoperancia de los demás, lo que indudablemente los lleva a quedarse solos. Terminan solos porque los demás quedan en el camino sin poder ir a su ritmo.

Por último están los que se quedan sólos porque se aíslan. Son aquellos que tanto en la enfermedad como en la salud, prefieren estar solos.

Por lo general se trata de personas cultas, talentosas, cuyos defectos son el orgullo, el sentimiento de superioridad, pudiendo llegar a ser altaneras o despectivas de quienes consideran no tienen su nivel. Su característica es la rigidez corporal sobre todo en el cuello, ya que mira desde arriba con aires de superioridad como si no quisiera contaminarse con el mundo. Si bien estas personas elijen la soledad su dificultad se presenta cuando por algún motivo personal, social o laboral, necesitan relacionarse con los demás.

Esto no les resulta nada fácil, pues no saben como acortar las distancias en la que se han colocado o en la que lo terminan colocando los demás al verlo engreído, presuntuoso o arrogante.

En la soledad se conjugan 3 formas de no tener en cuenta al otro. Unos porque quieren ser centro, otros porque se impacientan y el último porque discrimina. Conclusión: ninguno de ellos sabe como comunicarse y de manera paradójica terminan quedándose solos.

El sistema Bach cuenta con esencias que ayuda a que estas personas se encuentren con sus virtudes. En el primer caso: la capacidad de escucha. Si escucho al otro, luego seré escuchado y tenido en cuenta. En el segundo caso: la capacidad de tolerancia, de paciencia y de espera. Deben tener en cuenta que somos diferentes y que cada uno tiene su ritmo. Los últimos aceptar que los demás tienen una cultura y una formación diferente y que siempre tenemos cosas que en común que permiten comunicarnos y aprender cosas de los demás.

Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación.

Lic. Alicia Mabel Alfuso

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Otros artículos

Dar y recibir

“Doy demasiado”, “No se pedir”, “Se aprovechan de mi”, “Cuando pido no me dan”, “Le dí mi vida”, “La ayudé cuando necesitó y cuando yo necesité no estuvo”, “le dí todo y mirá como me pagó”, “A mi nunca me dieron nada”, “El se tiene que dar cuenta que es lo que necesito”, “ Ella sabía que no me gusta ir sola y no me acompañó”, “El sabía que yo necesitaba dinero y no me ofreció”, “Le banqué su carrera y ahora me dejó por otra”. ¿Esperamos lo mismo que damos?, ¿pretendemos que nos adivinen qué necesitamos? ¿Damos sin que nos pidan y luego reclamamos? ¿No nos sentimos recompensados por lo que damos? ¿Sabemos recibir lo que el otro nos da? ¿Rechazamos lo que el otro nos quiere dar? ¿Sentimos que si recibimos, quedaremos en deuda y no podremos devolver lo que se nos dio? ¿Preferimos dar a recibir?, ¿Creemos que si el otro tiene más debe darme sin que yo de nada? ¿Insinuamos o decimos explícitamente lo que queremos? ¿Cuando nos ofrecen decimos que no, para que nos insistan? ¿Nos da vergüenza pedir?, ¿No nos sentimos merecedores de lo que nos dan? Un vínculo no es posible sin que fluya la energía del dar y recibir. Para que una relación crezca, se necesita generar entre ambos un ciclo creciente de retroalimentaciones. Las relaciones deben tener un equilibrio entre el dar y el tomar o el recibir. Si damos mucho el otro puede sentir que no está a la altura de la circunstancias y que está imposibilitado de devolver todo lo que recibe y entonces decidir irse de la relación. Si recibimos mucho y no damos el otro está en una situación de reclamar o de manejarnos por lo que nos dio. Si dimos demasiado o si recibimos demasiado estamos en problemas y debemos ver como ponemos en equilibrio la balanza. ¿Parece calculador? Acaso no estamos calculando cuando vemos todo lo que damos y sentimos que el otro no nos devuelve tanto como lo que dimos o cuando estamos esperando que nos den y queremos que nos adivinen. Cuando no pedimos con palabras nos comportamos como un bebé a quien la madre le adivina solo por su llanto o sus gestos o comportamientos, que es lo que necesita. Como el bebé no habla la madre prueba distintas cosas hasta que da en la tecla y calma al bebé. Los adultos tenemos a diferencia de otros animales el don de la palabra y cuando no lo hacemos estamos tratamos al otro como si fuera nuestra madre. El otro no tiene que adivinarnos, nosotros tenemos que pedir claramente lo que queremos. En el ciclo del dar y el recibir se juegan y se reavivan situaciones que vivimos en nuestra infancia de las cuales, si fueron negativas, quizás solo recordamos la emoción desagradable que ello nos generó: vergüenza, sometimiento, manipulación, juegos de poder, envidia, bronca, celos, desvalorización, miedo a hablar, etc. y que en consecuencia, conciente o inconcientemente, no queremos revivir. De esta manera evitaremos el sufrimiento pero limitamos nuestro crecimiento emocional. Las esencias florales del Dr. Bach trabajan sobre el cuerpo emocional y a través de un proceso terapéutico ayudan a las personas a transformar sus emociones negativas en positivas. Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

El límite a los hijos y la Terapia Floral del Dr. Bach

Hijos que no aceptan límites, que lloran, gritan, patalean, se tiran al suelo, se enojan, insultan ante algo que sus padres quieren. Hijos que se aburren rápidamente, que hablan interrumpiendo la conversación de los adultos, que se imponen con sus pedidos, que no aceptan un “no” como repuesta. Hijos que no respetan a sus padres, que maltratan a los adultos, que los agreden. Hijos que desafían la autoridad de la escuela. Hijos jóvenes y adolescentes que se drogan, que se accidentan, que se desbordan, que llevan armas. Niños y adolescentes inmanejables que desafían a los adultos, que descalifican y ningunean a sus mayores. Adolescentes con reacciones desmesuradas cuando no acuerdan con las reglas familiares, institucionales o sociales. Como contrapartida: Padres que no se imponen, que pierden su autoridad, que ceden ante las presiones de sus hijos, que no sostienen sus reglas, que se someten a las manipulaciones, que se dejan insultar, maltratar y hasta pegar por sus hijos. Padres que no pueden decir o sostener un “no” cuando sus hijos piden desmesuradamente. Padres que permiten a sus hijos acciones que molestan a su entorno justificándolos con “es un chico”. Padres que se paralizan ante la supuesta inteligencia superior de sus hijos. Padres que cuando se le comunica algún error o acción incorrecta de su hijo, descalifica insultando a quien lo hace. Padres que usan los cochecitos de sus hijos como armas en la calle, mostrando a su hijo que nada se interpondrá en su camino. Los Límites, las reglas y las leyes no tienen buena prensa. Se viven los encuadres y reglas cómo rígidos y arbitrarios, y ante el primer obstáculo se trata de transgredirlos o no tenerlos en cuenta, dándoles poco valor ya que obstaculizan la llegada rápida al objetivo. El objetivo no suele ser el aprendizaje, el mérito, la experiencia, la constancia, el esfuerzo sino el éxito rápido y la fama. Y para lograrlo no se tiene en cuenta a nada ni nadie que se interponga en el camino. Los hijos se quieren ahorrar el aprendizaje y los padres le allanan el camino. Los padres parecen tener miedo a sus propios hijos. Parecen no recordar que son quienes están a cargo de su formación como personas. Los padres para educar a sus hijos y que ellos crezcan seguros de si mismos y puedan ser personas “exitosas” en su vida amorosa y laboral tiene que dar amor y límites. Cuando un padre actúa tan arbitrariamente con su hijo cree que le da amor, pero ese amor sin límites no resulta beneficioso para su hijo, ya que ese niño cuando sea adulto no respetará a los mayores, a los jefes ni a los representantes de la ley. Si un niño no aprende a hacerse cargo de sus errores por que sus padres siempre lo disculpan, de grandes creerán que todo lo pueden, se sentirán omnipotentes y no respetarán a nadie que le de un no como respuesta. El consumo de drogas, alcohol y el aislamiento son algunas de las consecuencias de padres que no ponen límites. Amor sin límites, sin reglas, sin orden no es amor. Primero está el orden y luego el amor. El orden da un marco de contención para que el amor pueda ser tomado. Dentro de este encuadre claro, los hijos tienen libertad para explorar, para ser curiosos, creativos, en pocas palabras, para ser independientes”. Los hijos necesitan que sus padres asuman su rol de padres, son los únicos que tienen. Si los padres se someten a sus hijos, ellos se quedan sin padres y terminarán actuando como si fueran los padres de sus padres. Cuando los padres quieran tomar su lugar como tales, será tarde. En todo esto podemos ver el sometimiento, la culpa y el miedo a la exclusión de los padres y la omnipotencia, egocentrismo y autoritarismo de los hijos. Podemos trabajar estas conductas y emociones a través de la Terapia Floral del Dr. Bach. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Las consecuencias emocionales de las catástrofes y la Terapia Floral del Dr. Edward Bach

Catástrofes, tragedias, accidentes, pérdidas imprevistas…algunas provocadas por intervención del hombre y otras por intervención de agentes externos, causan impactos emocionales similares en nuestro cuerpo emocional y físico. Sorpresa, Shock, Bronca, Impotencia, Miedo, Pánico, Pensamientos obsesivos y reiterativos, Agobio y Abrumamiento, Resentimiento, Angustia, Negación, Tristeza, Culpa, son algunos de los sentimientos que en diferentes etapas aparecen cuando somos víctimas de estos sucesos. Todas estas situaciones implican pérdidas materiales, físicas y afectivas. Lo que teníamos, de un momento para otro, ya no lo tenemos más. Muchas personas nos acompañan y están presentes en el primer momento, y luego, aunque haya otros alrededor, nos quedamos solos con nuestro dolor para empezar a reconstruir nuestra vida, a veces sin un familiar, sin un amigo, con secuelas físicas, algunas veces con invalidez o tratamientos prolongados. Aquí comienza el duelo y la reconstrucción de nuestra vida. Nos invade la desesperanza, el pesimismo, vemos todo negro, sentimos rabia, y aparecen otros sentimientos negativos y contradictorios. En algunos casos estos estados emocionales negativos continúan sintiéndose o mutando de unos a otros según las características personales de cada uno, y por momentos parecen adormecerse, para reavivarse sin previo aviso. No sentir no implica que la emoción haya desaparecido, sino que el cuerpo genera su propia anestesia para que nos duela menos. El Dr. Edward Bach nos dice que la enfermedad física es consecuencia de emociones negativas, las que de no ser tenidas en cuenta pasan del cuerpo emocional al cuerpo físico. Las enfermedades del hígado se relacionan con la ira no resuelta y con la amargura, los problemas de ovarios con la posesividad, el cáncer con el resentimiento y con la pérdida de territorialidad, el corazón con la falta de alegría, los problemas circulatorios con la falta de creatividad y estancamiento, la garganta con lo que no podemos comunicar, etc. También es posible entrar en un pozo, perder la esperanza, sentir que no saldremos más de este infierno. Aún después de una tragedia, necesitamos volver a la vida: “morirse no es fácil” y aunque seres queridos se hayan ido o hayamos perdido gran parte de nuestras pertenencias, todavía tenemos un tiempo en este plano. Debemos prevenir, entonces, que las emociones negativas pasen a nuestro cuerpo físico y terminemos enfermándonos. Una manera de hacerlo es transformar nuestras emociones negativas en positivas: salir de la desesperación, la falta de esperanza, el pesimismo, la tristeza profunda y lograr la paz, aceptación, tener nuevamente la posibilidad de resolver problemas, coraje, alivio, calma, consuelo. Esta posibilidad la aportan las esencias florales del Dr. Edward Bach. Este sistema simple y natural tiene la virtud de llegar a lo más profundo de nuestro Ser, y curar las dolencias del Alma; reemplazando lo erróneo por lo correcto, lo malo por lo bueno, llevarnos de la oscuridad del sufrimiento a la luz del bienestar emocional. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo y del nivel de evolución de su conciencia. Serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica, y su efecto puede ser aumentado mediante el trabajo conciente, a través de un proceso terapéutico en el que la persona resignifique el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

¿Comunicación o soledad?

Dos vecinas hablan, una de ellas cuenta sus enfermedades, la otra intenta contar las suyas, se superponen y van levantando el tono con el propósito de ser escuchada por la otra. Cuando llegan a su casa comentan que se encontraron con su vecina y que estuvieron conversando. El hijo trae una mala nota, la madre le dice al hijo: vamos a conversar e intentando no enojarse le explica todos los beneficios de estudiar y no llevarse materias a examen. Su hijo se retira a su habitación y sigue jugando con la compu. Dos alumnos se pelean en el aula, la maestra los separa y les dice: vamos a conversar. Entonces les dice que está mal lo que está haciendo y los amenaza con mandarlos a dirección, ponerles amonestaciones o llamar a sus padres. La esposa espera al marido a comer, él llega tarde. Ella le dice tenemos que conversar y comienza a desarrollar una serie de reproches relacionados con situaciones anteriores en las que no cumplió con su promesa. Estas personas de los ejemplos piensan y dicen que estuvieron conversando. Sin embargo ellas no conversaban, sino que monologaban. En algunos casos una de las partes hablaba y la otra escuchaba o hacía que escuchaba o mientras que una de ellas hablaba la otra pensaba que voy a decir para retrucarle y ganarle o simplemente ponía su cara, mientras pensando como salgo elegantemente de esta situación. Cuando los niños, en los primeros estadíos de su infancia, juegan o se encuentran tienen lo que se llaman monólogos paralelos. Sólo les interesa hablar, no les interesa para nada lo que el otro tiene para decir. Sólo quiere que los escuchen. Interrumpen cuando su mamá habla con otra persona, cuentan acerca de sus cosas o hacen preguntas sin tener en cuenta si su mamá puede escucharlos en ese momento o está disponible para ello. Esto es así porque aún no terminan de incorporar la idea de que existe otro, y piensan que quien está a su lado está sólo para satisfacer sus necesidades. Si releemos los ejemplos, parecería que la mayor parte de los adultos se sigue comunicando como lo hacían de niños. ¿Podemos pensar que es conversar? Conversar es dialogar, interesarse por el otro y que el otro se interese por mi, escuchar y ser escuchado. Tener en cuenta al otro y saber que el otro se interesa por mí. Confundimos conversar con descarga de palabras: si es mi amigo o mi marido o alguien muy cercano puedo contarle todas las pálidas, presentarle todas las quejas sin ni siquiera esperar a que el otro cuente algo de lo que le pasa. Generalmente hablamos, hablamos y hablamos frente a otro y de repente nos damos cuenta que estamos solos y no tenemos a nadie con quien hablar. La conversación se inicia cuando estoy dispuesto a tener tiempo para escuchar lo que el otro dice y no negarlo antes de oírlo. La soledad muchas veces produce angustia y necesitamos de otros significativos para que nos escuchen. Es así que confundimos a nuestros afectos cercanos con terapeutas o confesores y terminamos agotándolos, produciendo agobio en nuestro interlocutor quien elige no seguir escuchándonos. Es importante diferenciar cuando necesitamos a alguien para conversar y cuando necesitamos un terapeuta que pueda escucharnos con el objetivo de que podamos pensar, expresar nuestra angustia, preocupaciones, miedos y reflexionar acerca de lo que nos pasa para encontrar caminos que nos permitan salir de la soledad. El Dr. Bach descubrió distintas esencias florales relacionadas con el estado de soledad. Solo podemos salir de la soledad cuando dejamos de pensar que nuestros seres queridos tienen la obligación de escucharnos y podemos salir de nuestro ego y empezar a escuchar que es lo que ellos tienen para decirnos. Así comenzará un diálogo y una retroalimentación que nos permitirá crecer y enriquecernos en un vínculo de ida y vuelta. Un Terapeuta Floral es un profesional capacitado podrá escuchar, contener y orientar en el camino de crecimiento personal. Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

No hay sanación sin proceso

Estamos acostumbrados a poner nuestra enfermedad en manos de otros, en quienes depositamos la autoridad, para que hagan “algo” con ella. Buscamos pastillas y tratamientos que nos “saquen” la enfermedad. Si esto se logra endiosamos al médico y si no se logra lo denigramos. Queremos que se le dé un nombre a nuestra enfermedad y para ello somos capaces de hacernos los estudios y análisis más cruentos. Nos sentimos bien cuando salimos del consultorio con un diagnóstico preciso aunque no haya posibilidades de cura y nos ponemos mal cuando el médico no nos da ningún medicamento y nos despide diciéndonos que lo nuestro es “psicosomático” y necesitamos una terapia. Todo esto tiene en común la creencia de que la enfermedad viene de afuera, que la enfermedad nos ataca, que alguien debe defendernos de ella y por ende que no necesitamos ni debemos hacernos cargo de nosotros mismos ni de nuestro estado de malestar. La salud dice la OMS es un estado de Estado de completo bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedad. Alguien que se droga puede sentirse bien y esto no implica estar sano. Lo que hace un adicto a las drogas es buscar por todos los medios sentirse “bien” y no estar saludable. Generalmente buscamos la droga “legal”: psicofármacos, anfetaminas, calmantes; que nos anulen los síntomas, en vez de averiguar qué significan, qué nos están diciendo de nosotros mismos. Lo que hacemos es acallar la alarma que nos anuncia que algo más profundo no está funcionando bien. Buscamos un médico que nos dé la droga “legal” o nos automedicamos porque no nos bancamos los procesos de autoconocimiento. Acostumbrados a esta dinámica que no nos dio resultados (motivo por el cual buscamos otro tipo de tratamientos tales como la Terapia Floral de Bach) intentamos encontrar a un terapeuta que nos otorgue la fórmula milagrosa que nos saque de una vez de nuestras dolencias y angustias. Muchas personas que me consultan, piden un plazo para curarse, ¡cómo si su bienestar sólo dependiera del terapeuta!...le pregunto entonces si está dispuesto a someterse a un proceso de autoconocimiento para despertar sus autocuradores. Si lo están entonces haremos un contrato donde ambos pondremos lo mejor de nosotros: el terapeuta su habilidad terapéutica y su conocimiento de las conductas humanas; y quien consulta las ganas de sanarse y el hacerse cargo de cambiar aquellas cosas que ya no le sirven, que le hacen daño a sí mismo y/o a las personas que lo rodean. Podríamos decir que terapeuta y consultante aportarán un 50% cada uno. Cuando Bach escribió el Libro “Cúrese ud. Mismo”, no hablaba de la automedicación sino del proceso de conocerse a sí mismo, con la guía de un terapeuta para lograr el autoconocimiento, y de este modo dejar las equivocaciones y errores de nuestra vida a cambio de virtudes que se encuentran en semilla en lo profundo de nuestra alma. Dice Bach. “La sencillez de este sistema de curación que se ha revelado a mi entendimiento mundano, lleva a la comprensión de la propia naturaleza del hombre con relación al cosmos. La propia madre Naturaleza nos brinda todos sus atributos para lograr nuestra estabilidad y equilibrio en todos los órdenes”. Este sistema simple y natural tiene la virtud de llegar a lo mas profundo de nuestro Ser, y curar las dolencias del Alma; reemplazando lo erróneo por lo correcto, lo malo por lo bueno, llevarnos de la oscuridad del sufrimiento a la luz del bienestar emocional. Lic. Alicia Mabel Alfuso

La Culpa, el Perdón y otras reflexiones sobre el Amor

Reivindiquemos la culpa. Parecería que hoy la culpa no tiene buena prensa y está destinada a desaparecer. La culpa está directamente relacionada con el “hacernos cargo”. La tendencia es a sacarnos rápidamente el problema de encima y responsabilizar o culpar a otros de nuestras acciones incorrectas. La culpa no es buena ni mala, recordemos lo que dice el Dr. Edward Bach “una defecto es una virtud fuera de lugar”. Una cosa es tener culpa y otra es ser culpógenos. Ser culpógenos conlleva una culpa eterna que enferma y no nos deja vivir en libertad. En cambio, sentir culpa cuando nos damos cuenta o creemos que hemos herido a alguien, nos da la oportunidad de reparar el daño que hemos hecho y nos permite pedir perdón. Sentir dolor por el otro y comprender el daño que le infringimos nos hace humanos. Pedir perdón nos permite crecer y sanarnos. Cuándo nos han herido u ofendido sentimos bronca y si no encontramos reparación al daño podemos transformarlo en resentimiento. Ese resentimiento puede tener la intención de que al otro le pase algo malo que le haga pagar ese daño. Y si realmente le sucede algo malo puede aparecer en nosotros la culpa por creer que hemos provocado ese daño. Podemos sentir resentimiento por lo que nos han hecho o sentirnos culpable por lo que hemos hecho. Podemos querer responsabilizar a otros por lo que hicimos o esperar eternamente con resentimiento el perdón que quizás nunca llegue. Podemos acumular enojos que serán expresados en forma de reproches, en un pase de facturas acumuladas como si hubiera necesidad de saldarlas todas juntas y de esta manera herir de muerte al vínculo en vez de saldar la cuenta. Podemos pensar en términos de víctimas y victimarios, inocentes y culpables, pero esto no repara el daño ni soluciona el problema. Podemos no perdonar al otro o no perdonarnos a nosotros mismos y quedarnos para siempre con la amargura y el resentimiento. Esto indefectiblemente se transformará en otras emociones negativas tales como la ira y la depresión. Es posible que sea injustificable lo que nos han hecho, pero tengamos en cuenta que la culpa eterna, la rabia, el resentimiento son sentimientos que nos enferman y nos dejan atados energética y psíquicamente a nuestra “víctima” o nuestro “victimario”. El perdón libera de ataduras que amargan el alma y enferman el cuerpo. Perdonar no es resignarnos sino re-significar aquello que nos causó dolor o enojo. Si pensamos nuestra vida según dice Bach como “un día de colegio”, entonces cada experiencia tendrá que ser vivida como una posibilidad de aprendizaje y crecimiento. Esto se denomina re-sigificar, dar una significación diferente y nueva a los hechos. Se trata de dejar de preguntarnos por qué para transformarlo en para qué y así encontrar el sentido de nuestras vidas. Para sanarnos necesitaremos resolver la conflicto que existe entre el alma y la personalidad o ego, entre la necesidad de perdonar y nuestro orgullo. Para encontranos con nuestra alma debermos salir del todo o nada que nos ubica como víctimas o victimarios para hacernos cargo, responsabilizarnos de la parte que nos corresponde en cada acción. Las esencias florales del Dr. Bach trabajan sobre el cuerpo emocional y a través de un proceso terapéutico ayudan a las personas a transformar sus emociones negativas en positivas. En este caso se trata de transformar el enojo, la ira, el resentimiento, la culpa en amor y compasión a los demás y sobre todo a nosotros mismos. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Amor y Sacrificio:

Decimos con orgullo: “doy todo por mis seres queridos”, “ayudo a todos”, “dejo de lado mis cosas con tal de ayudar a los demás”, “trabajo todo el día para que no falte nada”, “hace 5 años que no me tomo vacaciones”, “pobre…me da lástima hago todo por él”, “hoy dejé de hacer cosas por mí porque me dio pena de…”, “llegué tarde porque tuve que hacer cosas para….”. Todas estas afirmaciones nos remiten al amor por los demás: mis hijos, mis padres, mis amigos, mis vecinos. En todas ellas existen actos de solidaridad. Es difícil decir que hay algo incorrecto en esos actos. Sin embargo en todos hay algo en común y esto es alguien que se “sacrifica”, que no recibe lo que necesita, que pone de lado sus necesidades con tal de hacer algo por los demás. Por lo general son las personas…, casi siempre mujeres, que llegan lamentándose de la falta de colaboración y de agradecimiento que reciben de aquellos a los que da tanto amor. Sus frases son: “yo doy todo y no recibo nada a cambio”, “estoy pendiente de mis hijos y ellos no me hacen caso”, “resuelvo todo en casa y cuando llega mi marido no tiene ganas de hablar y solo hace hincapié en lo que está mal”, “cuando quiero charlar o que estén conmigo siempre están ocupados”, “hice todo por mis amigas y cuando necesité no estuvieron”, “no puedo dejar de hacer por los demás cundo necesitan…pero estoy cansada de no recibir nada a cambio” etc., etc., etc.. En todo esto hay algo que falta y es “el Amor a Sí Mismo”. El Dr. Edward Bach nos dice que un defecto es una virtud fuera de lugar. Amar es bueno pues se trata de una virtud, pero cuando en ese amor nos olvidamos de nosotros mismos, no satisfacemos nuestras propias necesidades se transforma en un defecto. Si “dar” tanto “amor” nos hace sufrir entonces se ha transformado en defecto. Las personas que dan amor desmedido podrán decir que satisfacen su necesidad dando amor o haciendo cosas por los demás. Que hacer por los demás es lo que más les gusta…pero a renglón seguido nos dice que no reciben nada a cambio. La pregunta que podemos hacernos es ¿siempre que hacemos algo por los demás es por un pedido expreso del otro?... O simplemente ¿”creemos” que el otro necesita algo de nosotros?, Si no nos agradecen una y otra vez…¿por qué seguimos haciendo, lo que hacemos, de forma incondicional en vez de empezar a poner ciertas condiciones y pedir algo a cambio?. A veces ese algo a cambio es sólo un “Gracias”. Tenemos que preguntarnos si cuando hacemos demasiado por los demás, lo hacemos por el otro o lo hacemos por nosotros mismos. Podemos hacerlo para que nos quieran, para tornarnos imprescindibles, para sentirnos útiles, para ejercer control sobre los demás, para que nos tengan en cuenta, para sentirnos víctimas, porque sino…qué haríamos de nuestras vidas. Muchas veces no nos agradecen porque no damos tiempo o porque hacemos cosas que nadie nos ha pedido y suponemos que el otro necesita. Me parece muy gráfico el ejemplo del señor no vidente que está en una esquina y alguien pasa por su lado y lo ayuda a cruzar. Cómo catalogaríamos esta acción: algunos dirán que es una persona solidaria que ayudo a quien lo necesitaba. Pero hay un detalle a tener en cuenta: ¿El ciego quería cruzar? Quizás con nuestra ayuda en vez de solucionar algo, terminemos creando un nuevo problema. Muchas veces hacemos cosas por los demás que nadie nos pidió y el otro lejos de agradece termina sintiéndose molesto. ¿En nuestro afán de ayudar resultamos colaboradores o “metidos”?. Quizás quién tiene el supuesto problema aún no tomó conciencia de ello, o aún no está dispuesto a modificar la situación, o aún necesite del problema para seguir aprendiendo. Pensemos en nuestros problemas sin solucionar. ¿Los solucionaremos nosotros o esperamos de alguien que venga a solucionarlos? ¿Aceptamos que alguien se inmiscuya en nuestros conflictos con nuestros hijos, nuestra pareja o nuestros padres? Amar al otro no es solo intentar ayudarlo sino escucharlo y aceptar que no soluciona su vida de la misma manera que lo haríamos nosotros. Sé que también podrán decir que muchas veces el pedido es explícito y luego no hay agradecimiento, ni colaboración cuando necesitamos. En esos casos está nuestra elección de volver a ayudar cuando nos lo pidan. Decimos que hacemos por el otro porque sentimos pena o lástima. Y cuándo sentiremos pena o lástima por nosotros mismos?. Sólo se le pide ayuda a quién se lo ve fuerte y en condiciones de dar. ¿Será entonces que nunca nos mostramos necesitados y damos y damos sin condiciones ni reservas? La Terapia Floral del Dr. Bach nos ayuda a salir de los lugares de sometimiento, de “felpudos”, de víctimas, de confusión para volver a nuestro eje; lo que implica discernimiento, amor incondicional y a nosotros mismos, regenerar nuestra autoestima. Eligiendo no seremos menos sensibles, sino que podremos hacerlo sin sufrir. Lic. Alicia Mabel Alfuso

¿Peor o mejor?

Qué es peor ser autoritario o someterse?, ser rígido o demasiado blando?, ser soberbio o vivir en la incertidumbre?, no soportar la soledad o vivir aislado?, amar demasiado o ser egoísta?, vivir en la ilusión o estar desesperanzado?, no mostrar la angustia o llorar desesperado?, vivir criticando o criticarse a si mismo?.Qué es peor? Qué es mejor? Para Edward Bach no hay mejor ni peor, ya que todos son estados anímicos que nos hablan de una desarmonía, un conflicto a resolver. Son estados anímicos, estados emocionales que muestran una falta de conexión entre nuestra personalidad y nuestra alma. La enfermedad es una disociación entre el alma y la personalidad y es posible prevenirla y curarla. Las primeras enfermedades reales del hombre son defectos como el orgullo, la crueldad, el odio, el egoísmo, la ignorancia, la inestabilidad y la codicia y son la base de nuestros sufrimientos y angustias. Para prevenirlas y curarlas, Bach nos dice, que además de dar remedios materiales, se debe otorgar a los que sufren el conocimiento necesario para que pueda volver a unirse lo que se separó. Nos separamos de nuestra alma cuando sentimos orgullo, somos crueles, odiamos, somos egoístas, nos negamos a aprender, somos inestables, y actuamos codiciosamente, etc. Estos son defectos de nuestra personalidad. Bach dice que lo igual no se cura con su igual sino con el opuesto, lo que significa que un defecto o un error se sana con una virtud. Podemos decir que el odio no se cura con más odio sino con su opuesto la compasión o el amor. Que la ignorancia no se cura con más ignorancia sino con el conocimiento, la verdad y la sabiduría. Para Bach el orgullo se cura al incorporar a nuestras vidas la humildad y la resignación. La crueldad, hacia los que no queremos o nos han hecho daño, no se cura con más crueldad sino que debemos transformarla en amor y compasión. La inestabilidad y la indecisión nos llevan a traicionar a los demás por culpa de nuestra debilidad y se cura a través poder escuchar y dejarnos gobernar por nuestro yo superior. Si perseveramos en nuestros defectos sin escuchar la voz de nuestro yo superior, se producirá un conflicto que necesariamente se habrá de reflejar en el cuerpo físico, provocando un tipo específico de enfermedad. Por ejemplo el orgullo que es arrogancia y rigidez de la mente dará lugar a enfermedades que producen estados de rigidez y envaramiento del cuerpo. El dolor es el resultado de la crueldad, aprendemos con el sufrimiento personal a no inflingirlo a los demás, tanto física como mentalmente. Las consecuencias del odio son la soledad, los enfados violentos e incontrolables, los tormentos mentales y la histeria. La ignorancia y la falta de discernimiento dan una persistencia a no ver la realidad aún cuando se nos brinda la posibilidad y se manifiesta en problemas de visión y de audición. La inestabilidad de la mente afecta al movimiento y la coordinación. El resultado de la codicia y el dominio de los demás llevará a la persona a ser un esclavo de su propio cuerpo, frenando así sus deseos y ambiciones. La cronicidad y gravedad de la enfermedad dependerá de cuan arraigado esté el conflicto entre el alma y el cuerpo. Dice Bach: la prevención y la curación de la enfermedad se logrará descubriendo lo que falla en nosotros y erradicando ese defecto desarrollando la virtud que la ha de reemplazar, no combatiendo el mal, sino aportando tal cantidad de virtud opuesta que quedará barrido de nuestras naturalezas. La curación final y definitiva viene en última instancia de dentro del alma en sí, que con su armonía irradia armonía a través de la personalidad en cuanto se lo permitimos. Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Embarazo y Flores de Bach

El embarazo es una etapa particular y única. Resulta llena de alegrías, miedos, expectativas, cambios y desafíos para cada miembro de la familia en especial para la mujer que está engendrando el nuevo ser. El anuncio del embarazo llena a veces de alegría y otras de cuestionamientos y dudas naturales acerca de todo lo que ello implica; pues habrá grandes transformaciones en el proyecto de vida, en los ritmos y posibilidades del propio cuerpo para la mujer y en el ritmo mismo de todas las relaciones y actividades. La mujer vive un proceso intenso de cambios corporales, a los cuales debe adaptarse y contribuir con un estilo de vida muchas veces distinto al que llevaba previo al embarazo. La Terapia Floral facilita todo este proceso de cambio, potenciando y enriqueciendo estas nuevas experiencias, ya que ayuda a vivir y explorar la maternidad de manera consciente. Cuando una mujer se da el permiso para vivenciar todos los estados y momentos por los que transitará a lo largo de nueve meses, cuando reconoce y hace buen uso de esa magnífica y nueva energía que surge en esta etapa, seguramente ella también "renacerá", enriqueciendo su vida y la de aquellos que la rodean de manera permanente. La Terapia Floral nos ayuda a lograr una armonización del estado emocional de la madre y/o del grupo familiar completo, lo que redunda en un mejor desarrollo del proceso corporal de la gestación. Está comprobado científicamente que un estado emocional armónico disminuye los riesgos inherentes al embarazo y parto, y permite un óptimo crecimiento y desarrollo del bebé, facilita un parto más rápido y seguro, mejora el estado del bebé al nacer y su adaptación al medio ambiente y por último facilita una lactancia exitosa, con todos los beneficios que ello implica para el bebé y su madre. Como sabemos, las esencias florales son seguras, no tóxicas, sin contraindicaciones. Y al ser remedios de naturaleza energética y no química (es decir que no contienen los principios químicos activos de la planta), pueden ser tomadas durante el embarazo, parto y puerperio, etapas en las que por motivos de seguridad están contraindicados muchos medicamentos alopáticos, como así también de aplicación en bebés y niños, dada su inocuidad. ¿En qué situaciones específicas son de especial ayuda las Flores de Bach? Dificultades para aceptar el embarazo Miedo al embarazo Miedo a los cambios corporales que implica el embarazo Vómitos matinales Alteraciones del apetito Infecciones urinarias a repetición Síntomas de interrupción del embarazo Alteraciones del sueño Dolor de espalda Mejorar la conexión con el hijo Ansiedad Miedo al parto o, más específicamente, al dolor Previo al parto Depresión post parto Problemas para la lactancia o antecedentes de ello. Dificultades en el bebé al nacer, en relación a la lactancia, a la adaptación a la nueva vida, al ritmo del sueño, para dejar le teta o la mamadera, y frente a cada nuevo cambio. En general los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Camino al éxito

¿Ser un ganador o ser un perdedor?. ¿Éxito o fracaso?... esa es la cuestión. Vivimos en una sociedad en que la idea de éxito o fracaso marca a los jóvenes y adolescentes. Muchos, por miedo al fracaso, ni lo intentan y quienes han logrado el "éxito" tan esperado, viven aterrorizados por la idea de perderlo. El miedo a intentarlo, por temor a no poder, conduce al pánico, al miedo que aterroriza, al miedo a lo desconocido. El haberlo logrado, muchas veces lleva a lo mismo: el miedo o terror a perderlo. Otras veces, sucede que al lograr el éxito nos damos cuenta que eso no era lo que queríamos, ya que esto trae asociado: sobre-exposiciones, falta de vida personal, excesivas responsabilidades o simplemente darse cuenta que no era eso lo que se quería. Entonces sobreviene la depresión por la frustración y la desidealización. Qué es el éxito? Qué es el fracaso?. Todo depende de nuestra mirada de la vida. Podemos pensar que los acontecimientos se encuentran en algún lugar y tenemos que ir a encontrarlos, como una camino recto en el que al final hay un cartel que dice éxito; o verlo como un proceso espiralado en el que vamos creando nuestra vida. El I Ching dice "has logrado el éxito, peligro!" Lo que nos habla de la ambigüedad del éxito. El éxito no existe por sí mismo y de existir sólo puede ser un instante, lo que rápidamente llevará a tener, nuevamente, que correr tras él. A quién no le ha sucedido sentirse deprimido o desilusionado al perder una posibilidad laboral o al romperse un vínculo de pareja y darse cuenta, pasado un tiempo, que ha conseguido un trabajo que cumple totalmente sus expectativas o que ha encontrado el amor de su vida. ¡Ese es verdadero éxito! Si pensamos nuestra vida como una co-creación con el universo, solo tendremos que prepararnos, y acompañar confiados los hechos y acontecimientos de la vida, disfrutar de cada momento tomándolo como un aprendizaje, él que una vez logrado dará las bases para el nuevo aprendizaje. Dice Bach que "esta vida que vivimos, hoy, es un día de colegio en el viaje de nuestra alma" y el alma sabe adonde vamos, mientras que nuestro ego la obstaculiza con sus creencias acerca de lo que hay que lograr para ser feliz. La felicidad es producto de la entrega, el amor, la confianza, la seguridad en las elecciones, la paciencia, la tolerancia, el coraje de correr riesgos y otras virtudes que tenemos que desarrollar. Si somos felices tenemos éxito. Quizás no logremos lo que "queremos", pero lograremos ser lo que nuestra alma necesita, lo que sin dudas tiene que ver con ser exitosos en la vida. Querer lograr lo que logran otros es desconocer y alejarnos de nuestra originalidad y tiene que ver con la falta de valoración de nosotros mismos. Escuchemos nuestra alma que es quien sabe lo que necesitamos. Le enfermedad surge del conflicto entre el alma y la personalidad, y se manifiesta a través de las emociones negativas. Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Flores y niños

Cada vez más, los padres consultan por problemas de conductas en los niños tanto en lo que hace a los vínculos familiares, los vínculos con sus pares, su comportamiento en la escuela, su rendimiento escolar, etc. Desde Bach el abordaje terapéutico es a partir de las emociones que despierta en el niño cada una de las situaciones que lo problematizan. Para Edward Bach las emociones son la manifestación que nos informa de un desorden, las que de no tenerse en cuenta, con el tiempo, enferman nuestro cuerpo. En los niños podemos detectar emociones tales como los celos por la llegada de un hermanito, la falta de tolerancia a la espera o a otras opiniones, el sentimiento de inferioridad o de sentirse no digno debido a cargadas de los compañeros, sentirse menospreciado o dejado de lado por alguno de sus padres o maestros, gran exigencia frente a sus obligaciones, paralizarse o sentir miedo ante un examen, hiperactividad en la escuela, conductas agresivas, pesadillas nocturnas, debilidad energética, dificultad para separarse de sus padres, manipulación para obtener lo que quiere, llamar continuamente la atención, etc. Las esencias florales del Dr. Bach trabajan sobre el campo anímico-emocional ayudando a transformar errores en virtudes: el odio, el egoísmo y los celos en amor, la incertidumbre en certeza, la desconfianza en confianza, la intolerancia en tolerancia, la rigidez en flexibilidad. Es posible también que conductas que a los padres le producen satisfacción tales como la prolijidad, el tener en cuenta las necesidades del otro, hacer todo bien, preocuparse excesivamente por el bienestar de su familia, pueden resultar un obstáculo en el niño. Por ejemplo: un niño que se preocupa excesivamente por la pulcritud o por el orden, es un niño que no hace lo que tiene que hacer un niño, que es estar ocupado en jugar y disfrutar. Es bueno que el niño sea ordenado pero no que ordenar sea su principal actividad. Es bueno que un niño sea pulcro, pero no que esto sea un obstáculo para jugar libremente. Es bueno que un niño sea aplicado, pero no que se sienta angustiado o le duela la panza cuando no puede hacer todo perfecto. La Terapia Floral del Dr. Edward Bach es justamente eso "una terapia" en la que se incluye los preparados florales. En los niños el diagnóstico y abordaje es distinto según el caso. Siempre el niño concurrirá con los padres, con quienes se hablará primero, y luego según la edad: en algunos casos el niño jugará, en otras dibujará y en otras hablará con el terapeuta. Cuando la problemática del niño tiene que ver con los vínculos familiares será conveniente incluir en la consulta a la familia o a los miembros de la misma que quieran participar de los encuentros. En caso de tratarse de temas escolares puede hacerse un trabajo conjunto con la maestra o, de estar en tratamiento, con el profesional que esté atendiendo al niño. Los resultados, de la Terapia Floral en niños, son realmente sorprendentes, ya que los niños son muy permeables a los cambios. Lic. Alicia Mabel Alfuso

El proceso de enfermar

Según Edward Bach enfermamos porque existe un conflicto entre el alma y la personalidad. Para Bach esta que vivimos es una de las vidas que debe vivir nuestra alma en su camino de evolución. Esta vida es como dice Bach "Un día de colegio", y en este día de colegio venimos a aprender una lección. Esa lección es una lección kármica, algo que nadie puede hacer por nosotros, y nuestra alma no cejará en el esfuerzo hasta que aprendamos la lección. Habrá momento en que creeremos que hemos zafado, que tuvimos un golpe de suerte, pero tarde o temprano, en esta vida o en la próxima deberemos superar la prueba. De nada nos sirve escapar de nosotros mismos, ya que es con el único, que en algún momento, debemos encontrarnos. La mayoría de nosotros no puede escuchar lo que nuestra alma dice acerca de lo que es lo mejor para nosotros y nos empeñamos en seguir los dictados de nuestro ego. Nuestro ego quiere, por lo general, cosas rápidas, fáciles, que no impliquen conflicto con nuestros seres querido, que den buenos resultados en poco tiempo y con poco esfuerzo. Necesita obtener cosas, vínculos, logros, éxito, amor, satisfacción sin tener en cuenta el tiempo ni la calidad de los procesos necesarios para lograrlos. Y muchas veces, contra viento y marea, logra lo que quiere pero sigue insatisfecho. Aparecen entonces emociones encontradas: culpa, rabia, incertidumbre, miedos, abatimiento, impotencia, intolerancia, impaciencia, orgullo, celos, angustia, confusión, etc. Estas y otras emociones son las que, de no tenerse en cuenta comienzan a enfermarnos.Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Adolescencia y flores

La adolescencia constituye una etapa de la vida en la que se suceden una serie de cambios a nivel físico, mental, emocional, espiritual y social. Algunos de los cambios tienen que ver con lo corporal, lo sexual, las relaciones amorosas, los grupos de pertenencia. No podemos determinar con precisión el tiempo o edad que dura la adolescencia, pero si sabemos que hoy va según el caso 10 a los 30 años ó más. Podemos encontrar las causas de esta prolongación en edad en la inseguridad, las dificultades económicas, la falta de proyecto, la falta de trabajo, las metas no claras. Todo ello hace que se retrase el pasaje a la edad adulta., muchas veces favorecido por los padres por su comportamiento sobreprotector frente al miedo que les provoca la realidad. Para algunos adolescentes se trata de una época dolorosa por sentirse desubicados y vulnerables. Se preguntan en esta etapa: ¿quién soy?, ¿quién quiero ser?, ¿adónde quiero ir?, ¿qué espero de la vida?. Aunque aparenten seguridad en sus actitudes y comportamientos, se sienten tremendamente inseguros. Por un lado, necesitan alejarse de sus padres y del ambiente familiar en el que hasta ahora se desenvolvían para salir a la calle y encontrar su propia manera de actuar, de relacionarse, de sentirse adulto. Por otro lado, siguen siendo niños que necesitan protección y alguien que les señale, al menos, el camino que deben seguir y los límites que existen. Es una etapa de desmitificación de los padres y búsqueda de modelos identificatorios ideales en búsqueda de construir su propia identidad. Por eso resultan muy críticos y duros con sus padres. El cuerpo es algo que centra gran parte de su atención. Cuerpo perfecto que nunca consiguen, debido al ideal tan alto que se ponen. Se ven defectos. Es la edad del "demasiado", demasiado alta, demasiado bajo, demasiado gordo, demasiado flaca, demasiados granos... Son algunas emociones asociadas a esta etapa: el aislamiento, la irritación, la ira, la tristeza, la depresión o la euforia, la provocación, la autoagresión, la mimetización, la crítica y la autocrítica, el sentirse feo y discriminado, la frustración, la omnipotencia, la intolerancia. Muchas veces esto se traduce en adicción a las drogas, alcoholismo, bulimia y anorexia, embarazos no deseados, la violencia con sus pares, padres o maestros, comportamientos arriesgados, rebeldía aparentemente sin causa para los padres, autoagresión, mimetización con amigos o grupos de riesgo, dificultades escolares, obesidad, falta de integración, entre otras. Es importante trabajar en cada crisis conforme va apareciendo y saber que si los tomamos a tiempo quedará sólo en ese, en una crisis. Es aconsejable nos solo entrevistar al adolescente sino tener algunas entrevistas con los padres para que ellos comprendan mejor lo que le sucede a su hijo y poder de esta manera mejorar la comunicación y el vínculo. Las emociones desarmonizadas son las que, de no tenerse en cuenta comienzan a enfermarnos.Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. La Terapia Floral del Dr. Edward Bach es justamente eso "una terapia" en la que se incluye los preparados florales. Es imprescindible el diálogo entre terapeuta y consultante, direccionado a la comprensión y superación de los sentimientos y emociones negativas que lo tienen anclado en la presente dificultad. Lic. Alicia Mabel Alfuso

La Terapia Floral y los Miedos

Miedo es una sensación que ocurre cuando sentimos que, desde el exterior, puede ocurrir algo lesionante para nuestra persona. La vivencia es de "peligro inminente o amenazante". Si bien el miedo es necesario para alertarnos de los peligros, cuando esta sensación se sobredimensiona y comienza a condicionar nuestra vida es el momento de averiguar qué razón nos está llevando a tal estado. La respuesta inmediata al miedo puede ser la evitación, la fuga, la huída, la negación, racionalización y/o la transformación en lo contrario tal como risas, explicaciones lógicas, enfrentarlo o abandonarlo según el caso. Ante el miedo, surge la angustia, la que muchas veces es acompañada de síntomas corporales tales como diarrea, escalofríos, temblores, sequedad de garganta, opresión en el pecho, transpiración, ahogos, que colocan a quien lo padece, ante situaciones de desamparo, desprotección, aislamiento, llanto inexplicable y otras veces aparece la ira como forma de defensa. El Dr. Edward Bach descubrió cinco flores que cubren una amplia gama de miedos: Para el miedo a cosas conocidas, a las cosas que se pueden nombrar, a las que nos atemorizan pero no inhabilitan nuestra vida cotidiana Para los miedos ante cosas que no podemos controlar con la razón, a que las situaciones se nos vayan de las manos, que estallen, que se descontrolen. Para los miedos de origen desconocido, miedos que no pueden ser explicados, miedos irracionales que incluso se temen contar por miedo a no pasar por locos. Para los miedos a lo que pueda pasarle a nuestros seres queridos, para la preocupación excesiva por los demás. Para el terror, los miedos que paralizan, que lo bloquean. Los casos de fobias o ataques de pánico serían los más conocidos Un sentimiento que podía en un principio ser mínimo o despreciable, comienza a crecer hasta ocupar todos nuestros pensamientos, alterar nuestros ritmos biológicos, nuestro sueño, nuestra digestión, hasta dañar nuestro cuerpo de mil formas posibles. ¿Cuál es la función que cumplen las flores de Bach? Si tenemos en cuenta que el miedo es un sentimiento que se instala en la mente en un momento dado de la vida, debido a circunstancias externas que nos superan, podemos afirmar que no es algo que traigamos genéticamente, de modo que si pudiéramos volver a la esencia original, estaríamos libres de él. Poco a poco las flores acompañadas de la terapia Floral van restableciendo la vibración normal energética que había sido alterada por ese hecho o circunstancia, liberándola, limpiando el campo energético de cualquier influencia externa que se pueda haber instalado en él. Esto significa que sin darnos cuenta, gradualmente las cosas toman su real dimensión y va resurgiendo la paz interior a medida que reaparece la fuerza y el coraje para enfrentar todos los hechos de la vida. Cada día vemos más personas que sufren de miedo, de inseguridad, más niños atemorizados, más hombres desesperados, más mujeres angustiadas que van a dormir habiendo tomado alguna pastilla que les aseguran conciliar rápidamente el sueño y dormir sin sobresaltos. Lo que ellos no advierten, es que paulatinamente van cayendo en las redes de una adicción. Después de la pastillita, será muy difícil volver a dormir sin ella. Al regresar a la vida cotidiana cada mañana, reaparecerá la angustia, el miedo anulará el placer de planificar para el futuro, el alerta diario de la lucha por la supervivencia reforzará las condiciones negativas en las que se vive. Lo que se ha hecho fue adoptar la solución del avestruz: esconder la cabeza bajo la tierra ante el peligro o, lo que es lo mismo: tomar una pastilla para dormir y olvidarse de todo. Es importante comprender que una cuota de miedo es normal y hasta necesaria para no perder el sentido de alerta y nuestra capacidad defensiva, siempre y cuando el temor no nos domine hasta paralizarnos. Hay muchas soluciones que nos alejarán de las drogas si ponemos nuestra voluntad en aceptar la realidad y renovar nuestra capacidad de lucha. La “pastillita” consumida como escapatoria nunca nos curará ni anulará los miedos. El prescribir flores es un arte que requiere de mucha atención, y sobre todo, como decía Bach, de comprensión y compasión. Es necesario que el Terapeuta Floral pueda comprender cuál es la causa que motivó la aparición del temor, y ayudar a la persona a liberarla sin que esta limpieza sea traumática, sino dejando que las flores actúen por sí mismas haciendo que el sentimiento negativo desaparezca y, en forma natural, la persona vuelva a ser ella misma. Lic. Alicia Mabel Alfuso

El otro lado de la Navidad

La Navidad y las Fiestas de Fin de Año nos remiten al nacimiento, lo nuevo, los proyectos, los sueños por cumplir. Decimos “Feliz Navidad”, “Felices Fiestas”. Apelamos a los “Buenos Augurios”, a los “Sueños que se cumplen”, al “Espíritu de Navidad”, al “pasarlo bien en familia”, a la “Esperanza en los corazones”. Y todo debe ser luz, prosperidad y buenos deseos. Como terapeuta recibo, de quienes me consultan, otra mirada de las Fiestas de Fin de Año: la parte que queda oculta, la que nos cuesta ver, la que no podemos contar, lo queremos ignorar en las fiestas…pero que irremediablemente acecha y pugna por salir. Nos sentimos culpables sin no estamos alegres, contentos, felices, esperanzados como la cultura y la religión nos pide, nos sentimos raros, aguafiestas y envidiamos a quienes la pasan bien, y a los que pueden hacerle honor al Espíritu Navideño. Pero...¿ pero todos la pasan bien en Navidad? La Navidad y el Año Nuevo traen consigo la idea de balances, de ver cuales fueron los logros, las ganancias. Pero junto a las ganancias aparece asociada la idea de pérdida. Quienes no ganaron sienten que perdieron…y es muy difícil sentir emociones acordes y a tono con lo que nos pide la Navidad y a las fiestas, con lo que la palabra “fiestas” connota. Son muchos los que llegan a las fiestas pensando en quienes ya no están. La primera fiesta sin él o sin ella. Puede ser que el otro no esté por una separación, porque se fue a otro país, o porque partió a otro plano. Podemos estar pasando un momento triste porque perdimos el trabajo, porque desaprobamos la materia, porque debimos abandonar el proyecto que teníamos: casarnos, viajar, mudarnos, terminar la carrera. Puede ser que debamos pasar las fiestas con quienes no hemos elegido, con quien no queremos y nos sentimos obligados. Todo esto a diferencia de alegría, luz y prosperidad, nos hace sentir: tristes, abatidos, desesperados, abandonados, desesperanzados, enojados, críticos, contrariados, peleadores, intolerantes, deprimidos, angustiados, melancólicos. Se reavivan los duelos, los conflictos familiares pendientes, la sensación de fracaso por aquello que nos pusimos como expectativa y no pudo ser. Quizás éste sea el momento de dar una vuelta de rosca a todos estos conflictos que siguen dándonos vuelta en la cabeza y en el corazón. Las Flores de Bach administradas en un contexto terapéutico permiten sanar heridas, trabajar duelos, aplacar la ira, la intolerancia, el resentimiento, el pesimismo, la depresión, el aislamiento. La Terapia Floral nos permiten amarnos más, tener compasión por nosotros mismos, y de esta manera poder aceptar mejor la realidad, actuar con tolerancia, aplacar nuestro enojo y poder transitar las fiestas de la manera menos traumática y dolorosa. El trabajo terapéutico con las Flores de Bach no se limita a las fiestas, ya que debemos saber que ellas son simplemente el lugar donde depositamos aquellos que no queríamos ni mirar. Podemos, en cambio, verlas como una oportunidad para sanar nuestra alma herida. Lic. Alicia Mabel Alfuso

La atención en el presente

Existe, por lo general, un común denominador en las personas y es la dificultad para estar en el presente. Estamos pensando en el pasado o en el futuro mientras el presente se nos va de las manos. En realidad lo único que existe es el presente: el pasado ya pasó y el futuro es solo una fantasía. Cuando recordamos el pasado seleccionamos o distorsionamos los recuerdos y cuando imaginamos lo hacemos idealizando o proyectando los recuerdos o las experiencias, buenas o malas, que hemos tenido. Bach dedicó una gran parte de su trabajo a la dificultad que tenemos para estar en el presente, por ello en su sistema incorporó siete esencias para siete formas distintas que adopta el perder el interés por las presentes circunstancias y para las que damos siete respuestas que resultan evitadoras del contacto con el sí mismo y con lo otro. Podemos enunciar las diferentes maneras que tenemos de no estar en el aquí y ahora, único instante que podemos llamar presente: Están las personas que pasan gran tiempo de su vida haciendo “castillos en el aire”, imaginando que las cosas sucederán como ellas lo desean. Es entonces que conocen a alguien y ya se imaginan casadas o teniendo un hijo sin siquiera preguntarle al otro que es lo que desea tener con ella o él según sea el caso. Tal es así que, luego, viene una gran desilusión lo que conduce una depresión o una gran falta de confianza en todos los hombres o mujeres que se le presenten o un endurecimiento para no enamorarse y tener que volver a sufrir. Existen quienes viven en el pasado: “todo tiempo pasado fue mejor” o “tan terrible que no lo puedo olvidar”. De esta manera no habrá nada interesante en el presente y se quedarán atados, recordando lo que ya pasó. Puede tratarse de un gran amor que se fue, que nos abandonó o que nunca volvió. También podemos haber quedado enganchados con lo mala que fue nuestra niñez o en las experiencias negativas de nuestra vida. Vivir en el pasado es como todos los días morir un poco ya que, de esa manera, no hay lugar para el proyecto. Podemos pensar que los problemas de atención y aprendizaje tienen que ver con una falta de atención en el presente ya que otros pensamientos ocupan nuestra mente y no podemos concentrarnos en nuestros aprendizajes cotidianos. Esta dificultad hace que tropezamos varias veces con la misma piedra y cometamos los mismos errores, no pudiendo aprender de la experiencia. Podemos no estar en el presente por apatía, desgano, falta de vitalidad, o no ver luz en nuestras vidas. Otra forma de no estar en el presente es cuando estamos preocupados por los demás en vez de ocuparnos de nosotros, dejando que cada uno se ocupe de sí mismo o dejar las cosas en manos de Dios. También retiramos nuestra energía del aquí y ahora o cuando en silencio o con reproches estamos esperando que los demás hagan cosas por nosotros en vez de hacer lo que podemos o pedir la ayuda necesaria. No estamos en el presente cuando los pensamientos se adueñan de nuestra mente como un “disco rayado” que no nos deja descansar. La atención en el presente -estar en el aquí y ahora- nos permite aprender, relacionarnos, trabajar, producir, disfrutar, pensar, reflexionar, tomar conciencia de lo que se piensa, se dice, se hace y quiere; y actuar en consecuencia. Cuando nos vamos del presente retrasamos nuestros proyectos, no hacemos lo que tenemos que hacer en cada momento, no vivimos nuestra vida. Con el tiempo los planes que no se materializan se vuelven frustraciones y sentimos que la vida se nos fue de las manos y que ya es tarde para hacer aquello que no hicimos. Se dice del que no está en el presente que está en la luna, que hace caso omiso, se hace el sordo, no sabe, no contesta, está en otra, como quien oye llover. Si se quita la atención del presente no se aprende, no se capitaliza lo que sucede, no se toma nota, la información interna y externa cae en saco roto, se descuidan las circunstancias, se olvidan, el sujeto queda sin la memoria de su historia y repite similares errores. Quien no está en el presente, no es digno de confianza, no cumple con su palabra, no se responsabiliza de lo acordado, no es fiable. Estar en el presente es escuchar a nuestra alma. Dice Bach de su Terapia Floral: “La sencillez de este sistema de curación que se ha revelado a mi entendimiento mundano, lleva a la comprensión de la propia naturaleza del hombre con relación al cosmos. La propia madre Naturaleza nos brinda todos sus atributos para lograr nuestra estabilidad y equilibrio en todos los órdenes”. Este sistema simple y natural tiene la virtud de llegar a lo mas profundo de nuestro Ser, y curar las dolencias del Alma; reemplazando lo erróneo por lo correcto, lo malo por lo bueno, llevarnos de la oscuridad del sufrimiento a la luz del bienestar emocional. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

MUJERES DE MÁS DE 50 AÑOS

Cada vez más mujeres que ya han pasado los 50 años se sienten angustiadas porque comienzan a darse cuenta que muchos de sus proyectos se terminan y todavía les queda mucho tiempo por vivir. Pertenecen a una generación que de niñas y adolescentes veían que sus madres a los 50 o 60 años ya daban por finalizada su vida y no había más nada por descubrir, solo quedaba cuidar del marido y de los nietos. Si pensamos en la historia de la humanidad, las mujeres de más de 50 años son las que mayor cantidad de cambios han tenido que transitar. Nunca en otro tiempo, nuestro género ha cambiado tanto. Nunca otras mujeres han tenido que transformarse y mutar a tal velocidad. Algunas se han dado cuenta y se han adaptado y otras recién están despertando y se comienzan a dar cuenta que si no se apuran no estarán a la altura de las circunstancias. Pensemos en lo que se esperaba de nosotras cuando éramos adolescentes: ser esposa y madre, estudiar para ser cultas pero no para ser sostenes del hogar y conseguir un hombre, “un buen partido”, proveedor. El trabajo y la vocación no iban de la mano. Cuando la mujer se casaba su vocación quedaba de lado. Y si seguía trabajando era para ayudar al hogar y luego tener una jubilación para complementar el ingreso del marido en los años de la vejez. Y el mundo fue cambiando vertiginosamente y con ello el rol y el lugar de la mujer. Comenzó a aparecer en nuestro imaginario: estudiar y trabajar de lo que nos gusta, realizarnos, ganar dinero y gastarlo en lo que queremos, crear, no necesariamente hijos, expresarnos, amarnos a nosotras mismas. Un hito importante para el cambio fue la aparición de la pastilla anticonceptiva que permitió que la mujer pueda ser dueña de su sexualidad, pudiendo elegir si quería o no ser madre y en caso de quererlo: cuándo y con quién. La sexualidad a partir de ese momento no fue sólo para procrear, sino también para sentir placer, tema al que lentamente se le fue sacando la culpa. También se legalizó el divorcio y hoy no son pocas las mujeres que se divorcian después de cumplidor los 50 años. De esta manera, el proyecto del hombre proveedor y sostenedor se desvanece. La jubilación no tiene el mismo sentido, ya que con ese dinero no alcanza y la vejez y la muerte no llega tan rápido como la esperábamos. Muchas pudimos adaptarnos al cambio y otras siguieron con el modelo establecido. Se necesita mucha plasticidad, resiliencia, coraje, fuerza, creatividad, desafío, para poder adaptarse a tantos cambios y no morir en el intento o mejor dicho no claudicar en el intento. La esperanza de vida hoy es de más de 80 años y las mujeres somos quienes vivimos más; quizás 85, quizás 90…. Desde los 50 a los 90 hay 40 casi otra mitad de la vida. ¿Se preguntaron que harán en los próximos 40 años?. Las mujeres de esta generación tenemos que re-inventarnos la vida: ya no alcanza con la familia, y los amigos van cambiando, el trabajo en relación de dependencia pronto se termina. Vivir de la jubilación ya no es negocio ni solución, el marido ya no existe y los hijos y los nietos hacen su vida. A partir de los 50 años se impone replantearse la vida y planificar que vamos a “hacer” y que vamos a “ser” en los próximos 40 años. Hora de pensar en nuevos gustos, nuevas amistades, nuevas vocaciones, nuevas tareas, nuevos trabajos, nuevas formas de ganar dinero, nuevas formas de relacionarnos con nuestro cuerpo, etc., etc. No cambiar es morir un poco. Y muchas mujeres hoy se encuentran en una encrucijada. Depresión, fobias, pánico, bipolaridad, trastornos de ansiedad, son los nombres de las emociones que acompañan el miedo al cambio. Debemos enfrentar nuestros miedos y comenzar a proyectar la 2º parte de nuestras vidas. Nunca más valedero el refrán “No dejemos para mañana lo que podemos empezar hoy”. El trabajo terapéutico con Flores de Bach es adecuado para trabajar nuestras emociones negativas y transformarlas en positivas: ellas son la decisión, el coraje, la creatividad, un nuevo sentido de la vida, el amor a uno mismo, la autoestima, el animarse a dar el salto a la segunda mitad de la vida que todavía tiene muchas cosas maravillosas por enseñarnos y para sorprendernos. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Las relaciones de pareja y las flores de Bach

Las relaciones afectivas están pasando por profundas transformaciones y revolucionando el concepto de amor. Lo que se busca hoy es una relación en la que exista individualidad, respeto, alegría y placer por estar juntos, y no una relación de dependencia, en la que uno responsabiliza al otro de su bienestar. La idea de que una persona sea el remedio para nuestra felicidad, está cambiando. El amor romántico parte de la premisa de que somos una parte y necesitamos encontrar nuestra otra mitad para sentirnos completo. Muchas veces ocurre hasta un proceso de despersonalización que, históricamente, ha alcanzado en mayor medida a la mujer quien abandona sus características, para simbiotizarse al proyecto masculino. La teoría de la unión entre opuestos implica que el otro tiene que saber hacer lo que yo no sé. Si uno es manso, el otro debe ser agresivo, si uno es activo el otro debe ser pasivo. Hoy la palabra es asociación, de esta manera cambiamos amor de necesidad, por amor de deseo. Me gusta y deseo su compañía, pero no la necesito. Las personas están perdiendo el miedo a estar solas, y aprendiendo a vivir mejor consigo mismas. Están comenzando a darse cuenta que se sienten parte, pero son enteras. El otro, con el cual se establece un vínculo, también se siente una parte, No es el príncipe ni el salvador de ninguna cosa, es solamente un compañero de viaje. Estamos entrando en la era de la individualidad, que no tiene nada que ver con el egoísmo ni con el individualismo. El egoísta no tiene energía propia; él se alimenta de la energía de los demás, sea financiera o moralmente. La nueva forma de amor, o de más amor, tiene nuevo aspecto y significado: apunta a la aproximación de dos enteros y no a la unión de dos mitades, y esto solo es posible para aquellos que consiguieron trabajar su individualidad. Cuanto más se es capaz de vivir solo, mas preparado se estará para una buena relación afectiva. La soledad es buena, estar solo no es vergonzoso, al contrario, da dignidad a la persona. Las buenas relaciones afectivas son óptimas, son muy parecidas con estar bien solo, nadie exige nada de nadie y ambos crecen. Relaciones de dominación y de concesiones exageradas no resultan funcionales al tiempo que estamos viviendo. Muchas veces, pensamos que el otro es nuestra alma gemela y, en verdad, lo que hacemos es inventarlo a nuestro gusto. Todas las personas deberían estar solas de vez en cuando, para establecer un dialogo interno y descubrir su fuerza personal. En la soledad, el individuo entiende que la armonía y la paz de espíritu sólo se pueden encontrar dentro de uno mismo, y no a partir de los demás. Al percibir esto, se vuelve menos crítico y más comprensivo con las diferencias, respetando la forma de ser de cada uno. El amor de dos personas enteras es el bien más saludable. En este tipo de unión, está el abrigo, el placer de la compañía y el respeto por el ser amado. Desde nuestra formación y cultura aprendimos que el amor es posesión, necesidad, sobreprotección, preocupación por el otro, estar pendiente todo el tiempo, ser la mitad del otro, y de no ser así de una y otra parte nos sentimos egoístas o abandonados. La terapia floral ayuda a que podamos adaptarnos a los cambios sin sufrimiento pudiendo reemplazar dificultad por virtud. De esta manera podremos cambiar amor posesivo por amor incondicional, sobreprotección por cuidado, dominación por confianza en el otro, miedo a la soledad por elección de las compañías, sometimiento por amor a uno mismo, crítica por respeto de las diferencias y autocrítica, debilidad por fortaleza interior, culpa por responsabilidad, exigencia por compasión. Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

El Arte de no enfermarse

Quien no habla de sus sentimientos, emociones y sentimientos escondidos, reprimidos llega a enfermarse de gastritis, úlcera, dolores lumbares, dolor en la columna y con el tiempo, la represión de los sentimientos llevarnos a enfermedades crónicas o incurables . Es necesario sincerar, confidenciar, compartir nuestra intimidad, nuestros “secretos”, nuestros errores. El diálogo, el hablar, la palabra, es un poderoso remedio. Quien no toma decisiones, permanece en la duda, acumula problemas, preocupaciones, frustraciones. Para decidir es preciso saber renunciar, saber perder algunas cosas para ganar otras. Las personas indecisas son víctimas de dolencias nerviosas, gástricas y de la piel. Quien no busca soluciones, se mantiene en la negatividad no solo no consigue soluciones sino que aumentan sus problemas. Prefiere la lamentación, la murmuración, el pesimismo. Somos lo que pensamos. El pensamiento negativo genera energía negativa que se transforma en enfermedad. Quien vive de apariencias, quien esconde la realidad, finge, vive en un “como si…”, quiere siempre dar la impresión de estar bien, quiere mostrarse siempre tranquilo, perfecto, alegre, está acumulando un gran peso sobre sí, lo que lleva a la rigidez, las contracturas, los dolores. Es necesario aceptarnos. El rechazo de sí mismo, la ausencia de autoestima, hace que nos volvamos ajenos de nosotros mismos. Ser uno mismo es el núcleo de una vida saludable. Quienes no se aceptan a sí mismos, son envidiosos, celosos, imitadores, competitivos, destructivos. Aceptarse, aceptar ser aceptado, aceptar las críticas, es sabiduría. Es necesario confiar. Quien no confía, no se comunica, no se abre, no se relaciona, no crea relaciones estables y profundas, no sabe hacer amistades verdaderas. Sin confianza, no hay vínculo. La desconfianza es falta de fe en sí, en los otros y en Dios. No vivir en la tristeza. El bueno humor, la risa, el reposo, la alegría, recuperan la salud, permiten una buena calidad de vida. La persona alegre tiene el don de alegrar el ambiente donde vive. La alegría es salud. El Dr. Edward Bach dice que el origen de la enfermedad está en el conflicto que se genera entre el alma y la personalidad. Y en ese conflicto aparecen nuestras emociones negativas primer síntoma, que de no ser tenido en cuenta, es la puerta para la enfermedad física. Es por eso que el Dr. Bach trabajó para encontrar sus esencias florales que trabajan sobre el cuerpo emocional las que a través de un proceso terapéutico ayudan a las personas a transformar sus emociones negativas en positivas: alegría, amor, compasión, confianza, coraje, decisión, amor a sí mismo, etc. Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Crisis de la edad adulta y terapia floral

El proceso de la vida puede plantearse en las siguientes etapas: nacimiento y niñez de 0 a 14 años, adolescencia de 14 a 28, adultez de 28 a 45, madurez de 45 a 65, y de 65 en adelante 3º edad. Cada etapa de la vida tiene sus características particulares en lo que hace al pensar, sentir y hacer. En algunas el cambio es mayor que en otras pero cada una tiene sus particularidades y sus crisis. La adultez se caracteriza por pocos cambios físicos. Es una etapa en la que la persona está dedicada a cumplir con sus proyectos, los que luego se desarrollarán a lo largo de la vida y que de no cumplirse, más adelante sentirá frustración. Es una etapa activa y vigorosa en la que se forma la personalidad. La mira está puesta en los logros, en el proyecto de vida, en la planificación del futuro. Es la integración de lo obtenido en la niñez y en la adolescencia, en el hogar y en el mundo externo. En esta etapa nos ocupamos de conseguir un buen trabajo, de obtener un Título Profesional, de casarnos, de tener hijos, de obtener nuestra vivienda. Nos planteamos de que queremos trabajar el resto de nuestras vidas, que tipo de familia queremos, cual es el modelo de vida que queremos para nosotros, competimos para ser lo mejores y obtener más dinero, prestigio, fama y amor. Sentimos que en esta etapa debemos construir la base sólida para el resto de nuestra vida. Si no lo obtenemos, y aun si lo obtenemos, aparecen la crisis ya sea por la frustración de no obtener lo que queríamos o porque lo que estamos obteniendo no cumple con nuestra ideal. Pertenecen a esta etapa la crisis de finalización de la Carrera: pasar de estudiante a profesional; la crisis al pasar de soltero a casado, la crisis de pasar de mujer a madre, la crisis de tener más de 30 y no haberme encontrado el hombre o la mujer ideal, la crisis de haber dejado la profesión para ser madre, la crisis porque otros llegan al puesto deseado laboralmente y yo, aún no. Estas crisis de no ser resuelta nos enferman tanto física como emocionalmente. Según Edward Bach enfermamos porque existe un conflicto entre el alma y la personalidad. La mayoría de nosotros no puede escuchar lo que nuestra alma dice acerca de lo que es lo mejor para nosotros y nos empeñamos en seguir los dictados de nuestro ego. Nuestro ego quiere, por lo general, cosas rápidas, fáciles, que no impliquen conflicto con nuestros seres querido, que den buenos resultados en poco tiempo y con poco esfuerzo. Necesita obtener cosas, vínculos, logros, éxito, amor, satisfacción sin tener en cuenta el tiempo ni la calidad de los procesos necesarios para lograrlos. Y muchas veces, contra viento y marea, logra lo que quiere pero sigue insatisfecho. Aparecen entonces emociones encontradas: culpa, rabia, incertidumbre, miedos, abatimiento, impotencia, intolerancia, impaciencia, orgullo, celos, angustia, confusión, etc. Estas y otras emociones son las que, de no tenerse en cuenta comienzan a enfermarnos.Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Ataque de Pánico

Muchas personas consultan por “ataque de pánico”. Es así la forma en que la psicología y la psiquiatría llaman a un conjunto de síntomas entre los que se encuentran: ritmo cardíaco acelerado, temblores, sensación de asfixia, tener un nudo en la garganta o dificultades para tragar, sensación de ahogo o falta de aliento, dolor en el pecho, palpitaciones, nauseas o molestias en la zona abdominal, vértigo o inestabilidad, miedo a volverse loco o a perder el control, sudores excesivos, parestesia (sensación de adormecimiento o de hormigueo), escalofríos o sofocos, mareos, etc. En el llamado “Ataque de Pánico” pueden encontrarse todos o algunos de estos síntomas. Sin embargo el consultante al haber pasado por alguna situación en el que se han presentado algunos de estos síntomas, y al haber deambulado por distintos tratamientos sin éxito, se autodiagnostica, rotulándose como enfermo de “ataque de pánico”. La terapia floral aborda a la persona desde sus emociones y no a la enfermedad. Es por esa razón que se le pide al consultante que relate que es lo que le pasa desde su aspecto emocional. Es así que el terapeuta escucha algunas de estas expresiones: miedo a volverme loco, miedo a morirme, miedo al descontrol, pánico, me paralizo, siento inestable, no puedo volver a ir al lugar en el que por primera vez sentí estos síntomas, siento que todo se descontrola, gran ansiedad, miedo a salir de mi casa, me paralizo al entrar al trabajo, angustia extrema, miedo a que me vuelva a pasar, evito ir a determinados lugares, lo vivo con vergüenza, etc. Parece complejo encuadrarlos a todos en una sola enfermedad “ataque de pánico” e intentar curarlos con el mismo tratamiento o los mismos medicamentos. La terapia floral tiene en cuenta el comportamiento de la persona durante “la enfermedad” es decir cuales son sus emociones o sentimientos: si se trata de una persona que no tiene esperanza de curarse, su impaciencia por el tratamiento, si su enfermedad lo enoja, si siente vergüenza por lo que le pasa, si está preocupado por los demás en vez de preocuparse por si mismo, si quiere manejar el tratamiento, si está influenciado por otros para hacer tal o cual tratamiento y no puede confiar en si mismo, si se siente desesperado, si no puede sacarse el tema de la cabeza, si maneja a los demás con su enfermedad, si ya se está dando por vencido, etc. De esta manera pasaremos de un diagnóstico general como lo es el ataque de pánico a una confluencia de emociones que nos permiten caracterizar con mayor precisión su sufrimiento, buscando el conjunto de esencias con las que el consultante se sienta identificado. Estas esencias se eligen en forma conjunta y a medida que las emociones negativas por las que consultó van transformándose, se trabajará sobre otros aspectos que en un primer momento se hallaban ocultas. Según Bach la enfermedad es puramente correctora y nos da aviso cuando nuestra personalidad se desvía de los dictados de nuestra alma o ser superior. A través de la Terapia Floral transformamos nuestras emociones negativas en las virtudes que están en nuestro ser. Una vez que perdimos el camino, nos es imposible re-descubrirlas solos y necesitamos de un terapeuta que conozca del comportamiento humano para guiarnos en el camino hacia el re-encuentro con esas virtudes. El proceso terapéutico en las que se incluyen las esencias permitirá transformar el temor en valor y fe, el sentimiento de desvalorización en autoestima, la melancolía en alegría, la arrogancia en humildad, el resentimiento en perdón, la desesperación y el descorazonamiento en esperanza, el escepticismo y pesimismo en optimismo, la indecisión e incertidumbre en decisión y certeza, y así con cada emoción negativa transformándola en una herramienta positiva y permanente para nuestras vidas. Los remedios florales tienen la cualidad de elevar nuestras vibraciones energéticas y abrirnos a la recepción del yo espiritual; de esta manera la Naturaleza, con su virtud particular, nos libera de lo que es la causa de la enfermedad. No hay verdadera curación si no hay cambio de perspectiva, paz espiritual y felicidad interior. Los remedios florales ejercen una influencia notable sobre la personalidad y ayudan al bienestar general independientemente de la estructura caracterológica del individuo, pues serán eficaces aún cuando la persona no crea en su acción benéfica e independientemente del nivel de evolución de su conciencia, y su efecto puede ser aumentado sensiblemente mediante el trabajo conciente, lo que implica un trabajo terapéutico en el que la persona comprenda el proceso que lo ha llevado a su enfermedad y acompañe el proceso de su sanación. Teniendo en cuenta que quien sufre tipo de síntomas muchas veces está imposibilitado de salir de su casa, hasta el momento que esté en condiciones de abordar la vida cotidiana sin temor, la terapia floral se puede realizar a través de encuentros por chat o videoconferencias. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Flores y sexualidad

Hablar de sexualidad implica hablar de vínculos en la pareja. Una sexualidad plena nos habla del encuentro de los cuerpos y las almas de dos personas. Hablar de pareja es superar la individualidad pues la pareja no es algo estático y momentáneo sino algo que se construye entre dos y en el tiempo. En general se confunde sexualidad con genitalidad ya que al buscar solo la satisfacción individual orgásmica se pierde de vista que existe el otro en la relación. Se actúa de manera egoísta dejando de lado la pareja. Sólo uno ha disfrutado, y mientras se corre detrás de la propia satisfacción, el otro desaparece de la conciencia, lo que la invariablemente conduce a la insatisfacción de ambos. La sexualidad femenina y la sexualidad masculina son diferentes. En los varones la sexualidad entra a la conciencia de una manera pujante, aguda, apremiante, limitada y concentrada en el propio órgano sexual. En las mujeres el deseo sexual aparece expandido sobre el todo el cuerpo, orientado hacia las caricias, el cariño y la proximidad. Esa necesidad del hombre por satisfacer el apremio en un lugar puntual del cuerpo lo lleva muchas veces a ejercer la toma de posesión del cuerpo de la mujer lo que la hace sentirse acosada, sintiéndolo como un acto hiriente, poco romántico y apresurado. Para poder comprender las necesidades del otro es necesario integrar los opuestos: activo-pasivo, yang-ying, anima-animus, femenino masculino. Para el hombre es importante lograr la expresión de sus sentimientos y para ello la mujer debe ser capaz de darle la posibilidad de hacerlo. Si ella hace continuos reproches, el hombre automáticamente se cerrará. A su vez, la mujer debe aprender a expresar sus deseos y no esperar a que el hombre los adivine o tome siempre la iniciativa. Para ello el hombre deberá dejar de lado sus prejuicios dándose a si mismo un lugar más pasivo. Los cambios culturales también han llevado a que muchas veces la mujer tome un rol activo y es entonces que el hombre se siente acosado y perseguido, huyendo de la relación. Es importante tener en cuenta el momento en que se encuentra cada integrante de la pareja dentro de su proceso evolutivo. Esto depende en gran medida de la edad de cada uno o de lo que cada uno hizo o dejó de hacer en su vida. Una buena sexualidad es el producto de un buen vínculo. Para que el sexo se conforme en un encuentro con otro ser humano debemos despertar un interés amoroso por el otro dentro de una mutua libertad y mutuo respeto. La falta de comunicación y dialogo conduce a malos entendidos y aclararlos permite una sana intimidad de la pareja. Una sexualidad plena conlleva diálogo, búsqueda de la satisfacción mutua, contacto con la propia esencia y la esencia del otro, tolerancia de las diferencias, confianza para la entrega y para ello se beben trabajar emociones tales como: los miedos, la impaciencia, la intolerancia, los celos, la sospechas, el pesimismo, el cansancio, la culpa, el miedo al descontrol, las rigideces, los traumas, las indecisiones, etc. El trabajo sobre las emociones es la base fundamental para el logro de la sexualidad plena en la pareja. La Terapia Floral del Dr. Edward Bach es justamente eso “una terapia” en la que se incluye los preparados florales. Es imprescindible el diálogo entre terapeuta y consultante, direccionado a la comprensión y superación de los sentimientos y emociones negativas que lo tienen anclado en la presente dificultad. Lic. Alicia Mabel Alfuso

Flores de Bach y Astrología Humanística

Desde mi formación como Terapeuta Floral y Astróloga Humanística el trabajo terapéutico que realizo integra ambas disciplinas. Ya en 1930 Bach hablaba de esta conjunción diciendo: Fundamentalmente existen doce tipos primordiales de personalidad, y cada uno tiene un aspecto positivo y otro negativo. Estos tipos de personalidad nos los muestra la Luna, según en qué signo del zodiaco se hallaba en el momento del nacimiento. El Dr. Bach se refiere a la astrología a la hora de utilizar la posición natal de la luna para determinar nuestra tipología, el objetivo y finalidad de la vida, además del remedio que apoyará dicho objetivo. Bach encontró la analogía entre ambas disciplinas cuando relacionó sus primeros 12 remedios florales, dirigidos a 12 tipos de personalidad con los 12 signos astrológicos, específicamente a los correspondientes los que se encuentra la luna del consultante en su carta natal. La luna es el planeta que habla de nuestras emociones más infantiles: miedo, terror, incertidumbre, desconfianza, celos, envidia; sentimientos a los que volvemos cada vez que tenemos que vivir un acontecimiento o situación que nos resultan amenazantes y desconocidas. La astrología, se convierte en una importante fuente de auto-conocimiento, además de un excepcional apoyo para el auto-crecimiento. La carta astral representa la herramienta del alma para conducir a la personalidad en el proceso del aprendizaje. Las esencias florales representan un elixir capaz de impulsar a nuestra personalidad hasta el punto de reconducirla hacia los auténticos dictados del alma. Cuando interpretamos la carta astral, es habitual que la persona nos manifieste sus dificultades emocionales y existenciales en la vida. Si bien podemos orientarle y sugerir itinerarios apropiados que ayuden a su desarrollo personal, basándonos en la configuración energética representada en su tema natal, el trabajo personal del consultante se potencia con la Terapia Floral. A veces, la interpretación de la carta astral puede ser un detonador de cambios significativos en la vida personal, cuando el individuo se responsabiliza y acepta su propio potencial. Pero otras veces, los conflictos son demasiado complejos o inconscientes, y se requieren ciertos apoyos o estrategias terapéuticas, que superan nuestra función como astrólogos. Las Flores de Bach actúan a nivel energético sutil a través de su vibración, ayudando a resolver estados anímicos negativos en las personas; y su utilización es también aplicable a animales y plantas. Se trata de remedios que -en la línea que hemos comentado- no tienen contraindicaciones ni efectos secundarios de ningún tipo, y que fueron declarados de interés por la Organización Mundial de la Salud en el año 1976. El Dr. Edward Bach sostenía que "la enfermedad no es material en su origen", y que el trastorno psicológico que la genera proviene de dos errores fundamentales: La personalidad no actúa en armonía con su alma, ya que vive en la ilusión de estar separada. Si la personalidad obra en contra de las intenciones de su Yo Superior y de su alma, lo hace también automáticamente contra los intereses de la Gran Unidad con la que su alma está ligada energéticamente. Las Flores de Bach pueden ser de gran utilidad, para ayudar a la persona en la superación determinados conflictos analizados en la consulta astrológica. Y recíprocamente, la astrología puede prestar una valiosa ayuda en la elección de los remedios florales adecuados para cada caso. En definitiva la colaboración entre la astrología y las Flores de Bach se revela como una estrategia beneficiosa para encauzar la propia vida de forma más saludable y armoniosa. Lic. Alicia Mabel Alfuso

El Sistema Floral del Dr. Edward Bach

El Dr. Edward Bach observó que las personas que están enfermas y aquellas que están atravesando situaciones traumáticas, tienen una actitud más temerosa, resignada, amargada, obstinada , impacientes y de mayor intolerancia que aquellas consideradas sanas. Es por esa razón que efectuar un cambio conciente hacia un estado positivo, es el factor decisivo en cualquier proceso de curación. Cada crisis ofrece la posibilidad de hacer un cambio conciente positivo, de dar un paso, un salto cualitativo en el desarrollo de la personalidad y el carácter. Cada situación traumática, va acompañada de estados de ánimo altamente negativos, emocionalmente manifestados en impaciencia, desesperación, angustia extrema, miedo, incertidumbre y una característica muy marcada que denota una falta de fe y esperanza ante un tratamiento comenzado. La posibilidad que ofrece la Terapia Floral es volver a conseguir el equilibrio anímico-emocional de las personas que sufren o transitan por enfermedades o situaciones dolorosas. Bach dice que no existen dos individuos iguales ante una misma vivencia dolorosa, por lo que no se puede establecer formulas únicas para la sanación. Recordemos que para Bach no existen enfermedades sino enfermos, en consecuencia el proceso terapéutico según su visión, depende de una constelación de circunstancias y factores biográficos de la persona. El suministro de los preparados florales y la toma del mismo con regularidad, muestran que las personas en cuestión luego de un tiempo considerable de tratamiento terapéutico, presentan en común un notable aumento de seguridad, alegría y fe demostradas en fortalecimiento de su voluntad, tomando actitudes positivas ante su tratamiento, logrando una mayor relajación y tranquilidad al dormir, al igual que sus pensamientos dejan de atormentarlos mental y emocionalmente; abarca al hombre en su totalidad y permiten devolverle a la personalidad su natural equilibrio anímico-emocional y su estado de conciencia superior, el estado de gracia, que la impulsa a la trascendencia. Dice Bach. “La sencillez de este sistema de curación que se ha revelado a mi entendimiento mundano, lleva a la comprensión de la propia naturaleza del hombre con relación al cosmos. La propia madre Naturaleza nos brinda todos sus atributos para lograr nuestra estabilidad y equilibrio en todos los órdenes”. Este sistema simple y natural tiene la virtud de llegar a lo mas profundo de nuestro Ser, y curar las dolencias del Alma; reemplazando lo erróneo por lo correcto, lo malo por lo bueno, llevarnos de la oscuridad del sufrimiento a la luz del bienestar emocional. El Dr. Bach, a través de su Sistema Floral puso en palabras treinta y ocho estados anímicos-emocionales, con una claridad tan grande para que fuera comprendido por la mente más simple. Lic. Alicia Mabel Alfuso